Estados Unidos y el monopolio del espacio exterior


El 9 de diciembre, Donald Trump firmó un documento para actualizar la estrategia nacional de los EE.UU. con respecto al espacio ultraterrestre. Esto sucedió tras antes haber anunciado la creación de un Comando de Fuerzas Espaciales en el 2018, a lo que además ahora se suma la publicación por parte del Pentágono de una nueva estrategia de defensa con respecto al espacio exterior a mediados del 2020, junto con la creación de una doctrina para el Comando de las Fuerzas Espaciales y todos estos documentos, para agosto del 2020, le proporcionan a los EE.UU. una visión general para sus futuras operaciones militares en el espacio exterior.

La aparición de este documento provocó, al interior de la comunidad de los expertos estadounidenses, una reacción ambigua. Los medios de comunicación especializados han señalado que la publicación de esta nueva estrategia requirió de aproximadamente un año para salir a la luz (1). Su aparición fue precedida por un acuerdo entre el Comando de las Fuerzas Espaciales de los Estados Unidos y la NASA con respecto a su futura cooperación en el espacio exterior (2). El acuerdo regula no solo cuestiones que tienen que ver con las comunicaciones, el lanzamiento de naves espaciales y su puesta en órbita, sino también la posible explotación de los recursos de ciertos objetos espaciales que estén cerca de la Tierra, como la Luna y los asteroides. Un programa de la NASA, llamado “Artemis”, tiene previsto enviar astronautas estadounidenses a la luna para el 2024 (3). Marte también está en la lista de sus objetivos prioritarios.

Debido a esta estrategia de defensa del espacio exterior presentada por los Estados Unidos, sabemos que este país esta activamente militarizando el espacio exterior que rodea a la Tierra (4) y que está proyectando su poder militar allí.

La nueva estrategia espacial de los EE. UU. desea cumplir principalmente los siguientes objetivos:

1. Fortalecer el liderazgo de los Estados Unidos en los campos de la ciencia y las tecnologías espaciales, lo cual requiere de:

– el desarrollo de las capacidades tecnológicas, de la ingeniería y la educación matemática (STEM) necesarias para apoyar el liderazgo estadounidense que esté vinculado a la innovación espacial;

– realizar investigaciones fundamentales y que puedan ser aplicadas a los problemas concernientes al espacio exterior;

– estimular la innovación espacial en el sector comercial y el espíritu empresarial dirigido hacia el espacio exterior mediante inversiones específicas en tecnologías que revelen ser prometedoras;

2. Desarrollar la industria espacial de los Estados Unidos, para ello es necesario:

– promover la creación de una potencial industrial espacial que busque resolver las cuestiones más importantes de la economía nacional;

– identificar a proveedores y fabricantes especializados que sean claves para el desarrollo de una ciencia espacial, de estas tecnologías y que ayuden a sentar las bases de esta industria en los Estados Unidos, por lo cual se les ayudará al estimular su estadía o regreso al país;

– apoyar a las empresas que sean emprendedoras e innovadoras y que trabajen en el ámbito del espacio exterior usando métodos de desregularización;

– Eliminar cualquier dependencia frente a proveedores de tecnologías que sean controladas o estén bajo la jurisdicción y el liderazgo de adversarios extranjeros. 

El acceso de Estados Unidos al espacio exterior depende principalmente de garantizar su capacidad de hacer lanzamientos. Esta nueva estrategia asume que los suministros vitales para el gobierno estadounidense deben lanzarse en vehículos fabricados que sean propiedad de los mismos Estados Unidos, a menos que un gobierno extranjero se encuentre específicamente involucrado en alguno de estos lanzamientos. Al mismo tiempo, se permitirá el lanzamiento de vehículos de prueba con tecnologías secundarias o cargas científicas de alguna utilidad con participación extranjera, únicamente en caso de que no exista la posibilidad de hacer estos lanzamientos al espacio desde los Estados Unidos.

Los principios fundamentales de esta nueva estrategia estadounidense radican en proteger los componentes de la infraestructura espacial que sea de vital importancia para los Estados Unidos, haciendo énfasis en que el entorno del espacio exterior es esencial para el funcionamiento de la infraestructura vital del país en términos de la seguridad, la economía, la resiliencia, la salud pública y la seguridad de los Estados Unidos. Muchos sectores de la infraestructura nacional dependen directamente de ese acceso confiable a los sistemas espaciales.

Estados Unidos intentará desarrollar esas opciones con la intención de responder a cualquier intervención o ataque dirigido a sus sistemas espaciales o a los sistemas espaciales de sus aliados que estén directamente relacionados con el funcionamiento de la infraestructura vital del país. El Secretario de Defensa, el Secretario de Seguridad Nacional y el Director de la Inteligencia Nacional, en común acuerdo con los líderes de otras agencias, han desarrollado y realizado la evaluación de las amenazas y los riesgos asociados con el impacto de cualquier clase de actividades dañinas para la infraestructura vital del país en lo que respecta a la industria del sector espacial.

La nueva estrategia nacional de los Estados Unidos en el espacio no deja lugar a dudas de que Estados Unidos está comprometido con un control real sobre cualquier actividad que involucre a otros Estados en el tema del espacio exterior. En los temas relacionados con las prioridades de la seguridad nacional de los Estados Unidos frente al espacio, se dice que es necesario disuadir a los opositores y otros actores en su intento de implementar actividades que potencialmente puedan amenazar «el uso pacífico del espacio por parte de los Estados Unidos, al igual que de sus aliados y socios».

Si tenemos en cuenta el interés que muestran los Estados Unidos por los minerales del espacio exterior, resulta que este objetivo de la estrategia estadounidense solo tiene una interpretación: es la imposición del monopolio estadounidense en lo que tiene que ver con la explotación de los recursos del espacio sideral. La estrategia compromete explícitamente al Departamento de Estado para que este encabece los esfuerzos que logren establecer las «normas internacionales de comportamiento» y se consiga ejercer el control de las armas en el espacio exterior mediante tratados que tengan como condición el «fortalecimiento de la seguridad nacional de los Estados Unidos y sus aliados».

Y la cláusula sobre la «preservación y protección del espectro electromagnético es necesaria para poder respaldar las capacidades espaciales existentes y emergentes, incluidas las comunicaciones, la navegación y el monitoreo de la Tierra», con lo que indican la intención de mantener su ventaja con respecto a la inteligencia geoespacial.

Las tareas para la comunidad de inteligencia y el Pentágono están establecidas de forma separado en esta nueva estrategia. Entre ellas podemos señalar que se «realizaran operaciones espaciales, desde el espacio exterior y a través del espacio exterior para contener conflictos y, en caso de fallar semejante contención, conseguir la derrota del agresor».

Está claro que Washington no considera que el espacio sea propiedad común de todos y que se requiere del acuerdo de tratados internacionales para operar en él, sino que se trata de una frontera en la cual se requiere una acción ofensiva para subyugar todo a los Estados Unidos.

Leonid Savin

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Fuente: Geopolitica.ru