El largo brazo de Francia en el Sahel


Ángel Horacio Molina

El pasado 15 de febrero se llevó a cabo la llamada cumbre anti-yihadista entre el presidente de Francia y cinco países del Sahel (todos ex colonias francesas), mientras otros líderes europeos insistían  en la importancia que tiene esta región africana anunciando el aumento de tropas europeas en la zona.

Desde Senegal, en las costas del Atlántico, hasta Eritrea, junto al Mar Rojo, se extiende una franja climática y geográfica  llamada Sahel (que atraviesa Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, norte de Nigeria,  Camerún, Chad, Sudán y Eritrea que se caracteriza por las duras condiciones en que imponen estos dos factores para el desarrollo de la vida humana. La sobreexplotación agrícola ha contribuido al aumento de la desertificación y, por lo tanto, de los fenómenos climáticos hostiles como sequías y fuertes tormentas de arena. En el discurso europeo, sobre el Sahel se hayan depositado una serie de estereotipos que giran alrededor de la pobreza, la inestabilidad política endémica y “el peligro del yihadismo”. Las propuestas de las ex potencias coloniales han girado fundamentalmente en torno a medidas tutelares para aumentar la  seguridad, es decir, la militarización extranjera de la región.

Francia se niega a irse

Aunque para 1960 la totalidad de los países del Sahel habían conseguido ya su independencia, Francia tomaría una serie de medidas para garantizar el control sobre sus ex colonias. Lo que se ha denominado como Francáfrica da cuenta, precisamente, de la acción  de un conjunto de actores (públicos y privados) que perpetúan la relación neocolonial de Francia con los países del Sahel.

Las ex colonias subsaharianas francesas se han mantenido en una relación subordinada a partir de una serie de mecanismos militares, económicos, políticos y culturales. Divididas en dos grandes zonas, la Unión Económica y Monetaria de África Occidental (UEMOA) y la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC), las ex colonias utilizan una moneda (el “franco de la comunidad financiera africana”) creada por Francia en 1945 y que no sólo vincula a los Bancos centrales africanos con las autoridades francesas sino que estas últimas participan en la definición de las políticas monetarias en estos espacios económicos. Las 14 ex colonias que forman UEMOA y CEMAC están obligados a almacenar el 85% de sus reservas en el Banco de Francia,  bajo el control directo del Tesoro público francés. Cómo han denunciado numerosos dirigentes africanos, los  países africanos no pueden acceder a esta parte de sus reservas viéndose en la obligación de pedir préstamos al Estado francés.

La independencia formal de los países del Sahel no supuso cambios importantes en la extracción de las materias primas que Francia considera vitales.  La empresa francesa Areva extrae en Níger cerca del 40% del uranio que precisan las centrales nucleares galas, beneficiado por una cláusula de “aprovisionamiento preferencial”.  La compañía Total posee las licencias de exploración  petrolera en suelo mauritano lo que la ubica en la lista de las empresas petroleras francesas que ya se encuentran extrayendo petróleo en otros países de la zona, como Gabón y  Mali. Además de las ya mencionadas,  BNP-Paribas, Groupe Bolloré, Air France, Orange o Bouygues operan con enormes beneficios en las ex colonias, en parte porque las empresas francesas tienen prioridad en la adjudicación de contratos en esos países.

En el ámbito cultural la acción francesa es igualmente determinante, exigiendo a sus ex colonias el establecimiento del idioma francés como primera lengua oficial en todo el territorio. Tal como sucedía en tiempos de la colonia, Francia ejerce una celosa política de afrancesamiento de las elites  políticas y de los grupos económicos locales, fortaleciendo los lazos entre los círculos gobernantes de la metrópoli y de los países africanos.

En términos militares, Francia no solamente posee sus bases militares en el continente en la región del Sahel, sino que obliga a los países africanos bajo su órbita a sumarse a una alianza militar cuando las autoridades francesas lo requieran y  se arroga el poder de autorizar o no una alianza entre estos países y otro estado soberano.  

 “Combatiendo” lo que se genera

Entre los argumentos más utilizados para justificar la intervención francesa en la región es la inestabilidad política y la amenaza del yihadismo, sin embargo ambos fenómenos son generados por la acción de la ex potencia colonial. La situación económica y política de los países del Sahel no puede explicarse sin tener en cuenta que las elites gobernantes pro francesas han sido sostenidas y apoyadas por Francia (incluso colaborando con acciones de inteligencia contra los opositores) mientras las respectivas economías locales siguen desangrándose en el pago obsceno a  Francia de un pago de 440.000 millones de euros al año en concepto de deuda colonial.

Pobreza, corrupción e inestabilidad política son el resultado directo de la acción francesa en el Sahel pero, cínicamente, se presentan como los motivos para la incesante intervención neocolonial; desde 1960 a 2013 Francia ha realizado casi cincuenta intervenciones militares en la región y allí se mantienen sus bases militares más importantes en el continente.

Pero no es Francia el único país que ha comprendido lo que representa geopolíticamente en continente africano en general y la zona del Sahel, en particular.

Fuerzas foráneas en el Sahel

En esta estratégica la franja que va desde el Atlántico hasta el Mar Rojo se encuentran concentrada  la mayor cantidad de bases militares extranjeras que se hallan en el continente africano. En la zona encontramos tropas de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Bélgica, Italia y China.

Existen, además, fuerzas pertenecientes a distintas misiones de Naciones Unidas y tropas coordinadas por la Unión Europea. La conocida fuerza Takuba, bajo la dirección de Francia y con el apoyo de Bélgica, República Checa, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Países Bajos, Noruega, Portugal, Suecia y Reino Unido, ha anunciado, a principios de este mes, el aumento del número de sus efectivos desplegados en la zona sumando más soldados europeos.

La importancia que tiene esta región en términos militares, económicos y políticos para las potencias mundiales y regionales apenas si se ve reflejada en la cobertura que recibe en nuestros medios de comunicación, desde dónde sólo se refuerza el  discurso que, en nombre de la lucha contra el yihadismo y el control de las corrientes migratorias que tienen como destino a Europa, pretende legitimar la continuidad de las políticas neo-coloniales en esta zona del continente africano.